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Publicado el 12 de June de 2012 por María Martinón

Conflicto Pleistoceno en el Próximo Oriente

Hace menos de un año que los genetistas se encargaban de desmontar una afirmación que ellos mismos habían alimentado y abanderado durante las últimas décadas, y que alcanzaba ya tintes de dogma: que entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis no se había producido ningún tipo de hibridación o cruce sexual. Bien es cierto que el cruce parece haber sido mínimo. Entre un 1-4% de la dotación genómica de las poblaciones euroasiáticas actuales parece tener procedencia neandertal, y la evidencia arqueo-paleontológica apunta a que este tórrido encuentro puedo tener lugar en la zona del Próximo Oriente, donde ambas especies coexistieron durante decenas de miles de años. Curiosamente, los fósiles de neandertales y humanos modernos hallados en esta región, procedentes de yacimientos clásicos como Kebara, Tabun, Qafzeh, Amud o Shanidar, ocupan una franja relativamente estrecha del territorio israelí actual, proporcionando al menos el escenario teórico para este vis-à-vis. Sin embargo, la evidencia genética parece ser hasta el momento la única prueba en favor de un contacto íntimo entre ambas especies.

 

A pesar de la proximidad física y cronológica, los yacimientos en los que se documenta de forma más o menos clara la presencia de una especie u otra aparecen intercalados. Incluso en el mismo yacimiento, como sucede en el de Tabun, en el Monte Carmelo, se puede distinguir la presencia de sapiens y neandertales en niveles estratigráficos alternos, es decir, que no tenemos evidencias de que hubieran ocupado la cueva al mismo tiempo. Cuando estaba una especie no estaba la otra; coexistencia sí, pero convivencia, parece que no. Para añadir todavía más confusión, los límites que morfológicamente separan un linaje de otro son más confusos en los fósiles del suroeste asiático que en los europeos y africanos. A pesar de que precisamente Homo sapiens y Homo neanderthalensis son las especies más conocidas y mejor caracterizadas en el ámbito de la evolución humana, el debate sobre la asignación taxonómica de los homínidos hallados en estos yacimientos se perpetúa desde hace más de un siglo. Para muchos investigadores los neandertales del Próximo Oriente presentan diferencias respecto a los neandertales de Europa occidental, tantas como para acuñar a estos últimos como “neandertales clásicos” y distinguirlos de los que encontramos en regiones más occidentales de Asia.

 

El reto es entender si estos neandertales son atípicos porque se trata de una variedad más “light”, de evolución autóctona o local, o si lo son porque se han mezclado con sus primos sapiens. También cabría una tercera posibilidad. Y es que si aceptamos que nuestra especie y los neandertales compartieron un ancestro común hace aproximadamente medio millón de años (aunque no hay consenso sobre la fecha ni tampoco el lugar) los homínidos de una y otra rama, más próximos al nodo de divergencia o separación, se parecerían más entre sí (estarían menos definidos) que aquellos que representan el final o la culminación de la historia evolutiva de ese linaje. Nuevos yacimientos, como la cueva israelí de Qesem, donde se han encontrado varios fósiles dentales de entre 200 y 400 mil años de antigüedad, vuelven a incidir en la dificultad de adscribir los fósiles de este periodo y esta región a una u otra especie. Precisamente entender la variabilidad de los homínidos del Levante es una de las asignaturas pendientes y prioritarias para nuestro equipo de investigación en la actualidad. El caso es que la ocupación física de un territorio relativamente pequeño por ambas especies, pudo suponer un elemento de presión significativa en sus vidas. Es muy probable que en el Oriente Próximo, más que en ninguna otra región del planeta, la competición entre sapiens y neandertales haya sido muy intensa.

 

La naturaleza nos proporciona miles de ejemplos que evidencian que la competición es precisamente más feroz entre los individuos y/o grupos que más se parecen, porque ambos presentan necesidades similares y aspiran a los mismos recursos, que particularmente en periodos de crisis ambientales o climáticas, por ejemplo, pueden hacerse más escasos y preciados. La competición no implica necesariamente un enfrentamiento violento. Las victorias pueden darse por diferencias o ventajas sutiles que en competiciones muy igualadas son suficientes para que la balanza se incline hacia un lado u otro. Algunos investigadores defienden que los neandertales estaban mejor adaptados al frío que los humanos anatómicamente modernos y que precisamente en los periodos climáticamente más adversos, Homo sapiens habría sido desplazado en el Levante por un neandertal físicamente más resistente. Sin embargo, el desenlace que hoy conocemos le da la victoria a Homo sapiens, y mientras parece que los neandertales fueron paulatinamente perdiendo reclutas y ocupando regiones cada vez más marginales, Homo sapiens desplegó un avance imparable que hoy le permite ocupar prácticamente cualquier lugar de la tierra. El Próximo Oriente, un verdadero cruce geográfico de caminos y rutas de dispersión entre continentes, fue sin duda escenario de muchos encuentros o desencuentros entre sapiens y neandertales y esconde muchas de las claves sobre el origen y el destino de ambos. Aunque parece que entre ambas especies inteligentes hubo sexo (aunque no mucho), seguimos sin saber si éste fue con amor. María Martinón-Torres. Responsable de Línea de Investigación. Grupo de Antropología Dental, CENIEH.