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Publicado el 15 de June de 2015 por

El Cráneo 17 de la Sima de los Huesos

Aunque el primer fósil humano de la Sima de los Huesos fue hallado en 1976, las excavaciones sistemáticas en este yacimiento no comenzaron hasta 1984. A lo largo de tres décadas de trabajo, el equipo de científicos que excavan en la Sima de los Huesos ha recuperado la mayor colección de fósiles humanos del planeta, datada en algo más de 430.000 años. Los hallazgos de cráneos bastante completos son muy raros, incluso en la Sima de los Huesos, pues la mayoría de ellos fueron fracturados en numerosos fragmentos durante el proceso de fosilización. A lo largo de las tres últimas décadas, los investigadores del equipo han recuperado más de un millar de estos fragmentos craneales, la mayoría de un tamaño no mayor que el de las uñas de las manos. Pacientemente, año tras año, los científicos han conseguido ir casando muchas de estas piezas hasta reconstruir 17 cráneos humanos. Esta es una tarea que continuará aún durante muchos años hasta que se consiga reconstruir finalmente los 28 cráneos fragmentados enterrados en las arcillas del yacimiento.

 

En junio de 2014 el Equipo de Investigación de Atapuerca dio a conocer a la comunidad científica internacional, en las páginas de la revista Science, un exhaustivo estudio sobre la fabulosa colección craneal de la Sima de los Huesos. Sus conclusiones arrojaron mucha luz sobre el proceso evolutivo que originó a los neandertales. Pero, por muy importante que sean los aspectos evolutivos, el interés de los paleontólogos no se agota en estas cuestiones, también están interesados en conocer cómo vivían, y cómo morían, aquellas personas que habitaron la sierra de Atapuerca hace más de cuatro mil siglos.

 

Recientemente se ha publicado el estudio de las lesiones traumáticas del Cráneo 17, el último recuperado de los reconstruidos hasta la fecha en la increíble colección de la Sima de los Huesos, y que constituye un caso único en la colección de fósiles de dicho yacimiento. Este cráneo está reconstruido a partir 52 fragmentos, recuperados a lo largo de veinte años de excavación y conserva la práctica totalidad del esqueleto facial y casi todo el neurocráneo. Su estudio ha desvelado que perteneció a un adulto joven, que tenía alrededor de 20 años de edad en el momento de su muerte y cuyo sexo está aún por determinar.

 

El Cráneo 17 presenta dos fracturas perimortem, es decir, producidas justo antes o después de la muerte del individuo (cuando aún tenía piel). Estas fracturas están situadas justo sobre la órbita ocular izquierda y son dos orificios subrectangulares que atraviesan la pared del cráneo. El estudio de estas lesiones ha permitido demostrar que estos orificios se produjeron por el impacto de un objeto duro y la ausencia de cicatrización en el hueso muestra que el individuo no sobrevivió a ellas. Para poder discernir el origen y la causa de las dos lesiones se ha llevado a cabo un estudio detallado de las mismas utilizando técnicas forenses. El resultado de este estudio ha puesto de manifiesto que la forma y tamaño de las dos lesiones son indistinguibles, lo que implica que ambas fueron producidas por el mismo objeto en dos impactos diferentes con dos trayectorias distintas. Estos hechos descartan la posibilidad de que las lesiones se produjeran durante una caída accidental, pues no es posible golpearse dos veces con la misma roca desde dos ángulos diferentes en una caída. Por otra parte, el tipo de lesiones y su localización es la habitual en los casos de violencia interpersonal “cara a cara” ampliamente documentados en la literatura forense. La localización de las heridas en el lado izquierdo de la cara muestra que el agresor posiblemente era diestro y el hecho de que propinara dos golpes mortales a su víctima indicaría una clara voluntad de matar y excluiría un homicidio accidental. Se trataría, pues, del primer caso de violencia interpersonal con intención clara de acabar con la vida de la víctima documentado en la historia de la humanidad.

 

Además de las implicaciones sociales del descubrimiento, que nos sugieren que el comportamiento violento acompaña al hombre desde hace, al menos, medio millón de años, este hallazgo aporta información relevante sobre el origen de formación de la Sima de los Huesos. Desde que el yacimiento es excavado sistemáticamente por el equipo dirigido por Juan Luis Arsuaga, se han planteado diferentes hipótesis para explicar la acumulación de 28 individuos en esta recóndita cavidad de la sierra de Atapuerca. Para los miembros del equipo de excavación se trataba de una acumulación intencionada de cadáveres realizada por otros humanos. Sin embargo, otros investigadores habían propuesto otras explicaciones alternativas, como acumulación debida a la acción de carnívoros, a procesos geológicos o caídas accidentales por el conducto vertical de 13 metros que da acceso al yacimiento. Los estudios realizados en los últimos años han permitido descartar a los carnívoros y las corrientes de barro y de agua como posibles causas de la acumulación de cadáveres, dejando sólo dos alternativas: caídas accidentales o la acumulación intencional de cadáveres por parte de otros humanos. Sin embargo, era muy difícil discernir de manera inequívoca entre estas dos hipótesis. La nueva evidencia sobre las lesiones del cráneo 17 es muy reveladora en este aspecto.

 

Los estudios sobre la geología del yacimiento demuestran que el Cráneo 17 no pudo recibir las heridas una vez depositado allí, pues el medio carecía de la energía necesaria para producir tales golpes. Tal como hemos visto, los golpes tampoco pudieron producirse durante la caída por la sima. Por tanto, si las lesiones no se produjeron en el propio yacimiento ni tampoco durante la caída, sino en un acto de agresión mortal previo a su caída por la sima, la única explicación posible para que su cadáver llegara hasta la Sima de los Huesos es que éste fue transportado hasta allí por otros humanos. Esta nueva evidencia confirma la idea de que fueron los humanos los responsables de la acumulación de cadáveres de la Sima de los Huesos en lo que constituye el primer acto funerario documentado de la historia de la humanidad.

 

La violencia con resultado de muerte entre miembros de la misma especie no es una novedad entre los primates que nos son más próximos, pues es algo que también se da con alguna frecuencia entre los chimpancés. En consecuencia, es muy razonable suponer que este tipo de comportamiento nos ha acompañado desde nuestros orígenes. Por ello, el descubrimiento de que un ser humano murió a manos de uno de sus semejantes hace 430.000 años no es el aspecto más relevante del “caso del Cráneo 17”. Lo que sí constituye una novedad en la historia de la vida es el comportamiento funerario pues en la biosfera actual sólo lo practica nuestra propia especie. Las heridas mortales que sufrió el individuo del Cráneo 17 han permitido demostrar la existencia de ese comportamiento tan humano en un momento muy remoto de nuestra evolución y, lo que es más interesante, en otra especie humana que no está en nuestra ascendencia directa.

 

Dra. Nohemi Sala Investigadora del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos (Madrid).