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Publicado el 05 de October de 2012 por Antonio José Mencía

Miguelón y su tribu

De vez en cuando, cuando uno dispone de tiempo, le entra la pasión por el orden, quizá olvidado en plena vorágine laboral. Ocupado de esas labores uno descubre que todavía se guardan en carpetas o en cajas, como ocurre en las películas norteamericanas, fotografías que te llenan de recuerdos. Algunas son del álbum familiar, otras del profesional. Entre estas últimas, una estampa de la calle Uría de Oviedo que comparto con los tres codirectores de los yacimientos de Atapuerca, hace ahora quince años, un día antes de que recibieran junto a Emiliano Aguirre y en nombre de todo el equipo de investigación, el Premio Príncipe de Asturias. Allí estaban, en el Teatro Campoamor, el ABC de nuestra ciencia: Arsuaga, Bermúdez y Carbonell. Cinco años antes del premio, en el verano de 2002, habían hallado uno de los cráneos mejor conservados del registro fósil mundial, el número 5 de la Sima de los Huesos. Ese año, precisamente, Miguel Induráin había ganado su primer Giro y su segundo Tour, y  nuestros arqueólogos, aficionados al ciclismo, aprovechaban el ligero momento de la siesta poco antes de volver al trabajo del laboratorio para observar las hazañas del rey de este deporte. Ycomo los fósiles tienen también nombre de leyenda,  el cráneo se convirtió en Miguelón y con él convivimos desde hace 20 años.

 

En 2004, en Gran  Dolina, el hallazgo fueron unos dientes que aventuraron más fósiles de una nueva especie, antecessor,  que significa Exploradores, precisamente el título del libro que acaba de publicar Bermúdez de Castro y que su mera lectura te incorpora a la apasionante aventura de la historia, de una forma amena y científica, que no es incompatible, por cierto. Conoces página a página los hallazgos fundamentales de la sierra de Atapuerca, intercalados con anécdotas divertidas (el Halcón Milenario era el nombre del viejo Land Rover de Carbonell que permitía a los paleontólogos subir por la sierra) además de datos científicos. Miguelón me ha acompañado en mi trabajo de periodista, unas veces más de cerca, otra de forma lejana, a lo largo de estos cuatro lustros, con otro rey, el del rock, y su pelvis, Elvis;  en homenaje a un cantante que acaba de cumplir 35 años de su fallecimiento; junto a ellos el bifaz Excalibur conforman tres de las piezas fundamentales encontradas en este yacimiento burgalés y cuyos originales se exhiben de forma excepcional en el Museo de la Evolución Humana. Miguelón es un emblema, casi una marca, y por qué no en algún momento ser elegido como el mejor embajador de esta ciudad de Burgos. Su nombre ha recorrido medio mundo y ahora incluso navega con cierto éxito por las redes sociales y en un blog www.elblogdemiguelonylucy . Los fósiles de su extirpe, miles, encontrados en la Sima de los Huesos, que han sido adjudicados al Homo heidelbergensis, podrían incluso por estudios recientes pertenecer a otro linaje además del que dio origen a los neandertales en Pleistoceno Superior, lo que añadiría, aún dos décadas después, más importancia a este descubrimiento. A estas conclusiones han llegado tanto Bermúdez de Castro como María Martinón, después de estudiar de forma detallada, junto a sus colegas del Grupo de Antropología Dental, más de 500 dientes fósiles hallados en la Sima de los Huesos y avalado su estudio en la revista Journal of Human Evolution. Y es que algo que ha sido característico a lo largo de estos años ha sido que el trabajo desarrollado en Atapuerca ha sido acreditado por las más prestigiosas revistas científicas del mundo. Pero los estudios sobre la estirpe de los heidelbergensis se multiplican. El último permite asegurar que nuestro Miguelón hablaba con cierta asiduidad un lenguaje que un humano actualmente quizá pudiera entender, de esto conoce mucho Ignacio Martínez, al igual que Ana Gracia es una experta en las enfermedades de nuestros antepasados. Ambos forman parte del equipo que con Juan Luis Arsuaga desciende cada día al intrincado territorio de la Sima de los Huesos.

 

Cabe que para aquellos que vivimos en el mismo territorio donde se encuentran estos hallazgos excepcionales puede que la abundancia de información haya hecho infravalorar los mismos, que no es para tanto y todo forma parte de una campaña de marketing. Pero les puedo asegurar, porque así lo he constatado, que si los responsables del Museo de Historia Natural  de Nueva York contaran con algunos de los fósiles de heidelbergensis o antecessor que presenta el MEH los tendrían entre su vitrinas más preciadas de forma excepcional, como una joya, y así se puede contemplar en el museo burgalés. Y si en cualquier yacimiento europeo hubieran descubierto un cinco por ciento de lo hallado en Atapuerca estarían ya encantados para el resto de sus días. Y no se crean, que de Miguelón también se aprende, su especie no era caníbal como sus ancestros, sino solidario con sus congéneres. La historia de Benjamina, de Elvis, o la suya propia, que sobrevivió bastante magullado y con una fuerte infección durante algunos  años, indica que le ayudaron para no morir. Algunos han bautizado a esta tribu como la primera ONG de la historia. Nos indicaron el camino hace más de medio millón de años.