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Publicado el 30 de July de 2014 por José María Bermúdez de Castro

Reviviendo a Homo antecessor

Han transcurrido cuatro años desde la inauguración del Museo de la Evolución Humana y todos hemos estado esperando el momento de contemplar una reconstrucción de Homo antecessor en tres dimensiones. La artista Elisabeth Daynès, autora de la recreación de los homínidos de la sala de la evolución humana del Museo, recibió muy pronto el encargo de reconstruir el aspecto en vida de un individuo de la especie. El proceso ha sido largo y muy complejo, pero finalmente tenemos un primer resultado.

 

Los aproximadamente 160 restos fósiles de Homo antecessor representan muchas partes esqueléticas, pero la gran mayoría se encuentran en estado fragmentario. Dentro de pocos años se excavarán de nuevo los estratos del nivel TD6 del yacimiento de la cueva de la Gran Dolina, que muy posiblemente contienen varios centenares de restos fósiles de Homo antecessor. No se trata de una especulación optimista, porque aún queda por intervenir la parte más rica de TD6. Sin embargo, la mayoría de los restos se encontrarán en un estado tan fragmentario como los hallados hasta el momento en los sondeos realizados en años precedentes.

 

Los actos de canibalismo ocurridos hace más de 800.000 años en la sierra de Atapuerca fueron providenciales para llegar a conocer la existencia de Homo antecessor, pero nos han obligado a realizar un esfuerzo intelectual importante para averiguar el tamaño y la forma de los elementos esqueléticos de la especie. Esto no representa un problema para nosotros, entrenados para este labor, pero sí lo ha sido para Elisabeth Daynès.

 

El maxilar documentado con la siglas ATD6-69 perteneció a un chico o una chica de unos diez años. Este resto fósil, hallado en 1995, nos ayudó a tener una idea muy fiable del aspecto facial de los adolescentes de Homo antecessor, que pudo completarse con un hueso frontal (ATD6-15) quizá del mismo individuo. Con los dos restos empezamos a hablar del “chico de la Gran Dolina”. Si en realidad se trataba de una chica, esperemos que nos haya disculpado la licencia. Curiosamente, la mitad izquierda de la mandíbula ATD6-96, de una mujer muy joven, encajaba muy bien con el maxilar ATD6-69. Con esta suerte de “frankenstein” ya era posible realizar una reconstrucción de la cabeza de Homo antecessor. El dibujante y anatomista Mauricio Antón había ensayado años atrás sus primeras recreaciones del chico de la Gran Dolina, que mejoraron mucho con el hallazgo en 2003 de la mandíbula ATD6-96. Pero quedaba por esculpir el cuerpo de aquel adolescente, que completaría la sala de la evolución humana.

 

Los responsables del MEH animaron a Elisabeth Daynès, que no las tenía todas consigo. Al fin y al cabo ella siempre ha trabajado con cráneos y esqueletos muy completos. Se le pedía un poco de imaginación, pero también se le ofreció información científica muy fiable, que le proporcionaría el autor de estas líneas.

 

Además de algunos restos muy fragmentarios de la cara de adultos, recuperados en los años 1990, dos trabajos científicos muy interesantes permitieron averiguar que la cara de los adultos de Homo antecessor era tan parecida a la nuestra como la del chico de la Gran Dolina. El tamaño del cerebro y la forma del cráneo han seguido siendo una incógnita. No obstante, empleando mediciones indirectas del hueso frontal se pudo averiguar que el cráneo de esta especie tenía un cerebro algo superior a los 1.000 centímetros cúbicos. La forma de su cráneo no tenía que ser muy diferente a la de otros homínidos de la misma época. En este caso se trata de una suposición hipotética, que solo podremos contrastar cuando dentro de unos años se vuelva a excavar el nivel TD6.

 

Este era uno de los problemas más importantes de la reconstrucción, que frenó en más de una ocasión el trabajo de Elisabeth Daynès. Otro problema residía en averiguar la estatura y proporciones corporales de Homo antecessor. Sin embargo, esta cuestión se pudo resolver a partir de algunos de los restos mejor conservados del esqueleto postcraneal. En todas las estimaciones realizadas por los expertos del Equipo Investigador de Atapuerca la estatura de los adultos superaba los 170 centímetros. Además, la clavícula de un adulto nos explicaba que los miembros de aquella especie tenían un cuerpo tan ancho como el de todos los homínidos anteriores a Homo sapiens. Por último, nada hacía suponer que la proporción entre los miembros superiores e inferiores fuera diferente de la nuestra. Esta proporción apareció hace más de un millón y medio de años y no tenía porque ser distinta en Homo antecessor.

 

Con toda esta información en la mano ya solo nos faltaba convencer a Elisabeth Daynès de que podía trabajar en la escultura del chico de la Gran Dolina con la tranquilidad y la convicción de que su habilidad artística estaría apoyada por datos científicos fiable. Las reconstrucciones en 2D del propio Mauricio Antón fueron importantes en el proceso. Conociendo la estatura aproximada de los adultos no parecía difícil averiguar la estatura de un chico o una chica de unos diez años. Cualquiera puede consultar las tablas de la OMS y conocer el rango y el promedio de los chicos y chicas de todos los países del mundo. Para ser conservadores elegimos el dato del percentil 50%. El chico de la Gran Dolina no sería así ni demasiado alto ni demasiado bajo. Pero la estatura, cercana a 140 centímetros, no convenció a Elisabeth Daynès, que proponía una estatura en torno a los 120 centímetros. El cráneo del chico de la Gran Dolina era muy pequeño para tener una estatura de 140 centímetros y la desproporción preocupó a la artista. Pero lo cierto es que muchos de nuestros antepasados alcanzaron una estatura muy elevada con cráneos más pequeños que los nuestros. Finalmente se llegó a un acuerdo y todo quedó en un valor intermedio.

 

El resultado final es más que aceptable, considerando las dificultades que ha supuesto la falta de algunos datos y la estimación de otros. Estoy convencido de que se trata de una primera reconstrucción a la que seguirán otras. También estoy persuadido de que la excavación del nivel TD6 en los próximos años permitirá el hallazgo de trozos de cráneo y del esqueleto postcraneal mucho más completos.

 

No solo se trata de conseguir una escultura basada en datos más reales, sino de averiguar mucho más sobre la evolución humana de Europa. Después de 20 años del primer hallazgo en Gran Dolina sabemos que Homo antecessor tenía una mezcla de caracteres muy particular. Si la cara y el desarrollo dental eran similares a los de Homo sapiens, algunos rasgos dentales permanecieron inalterados con respecto a los homínidos primitivos, como los australopitecos. Otros caracteres habían derivado hacia formas que nos recuerdan a los humanos africanos y asiáticos del género Homo del Pleistoceno Inferior. Es por ello que Homo antecessor tiene claves muy importantes para reconstruir el escenario evolutivo de nuestro continente. Disfrutaremos de su reconstrucción, pero sabiendo que detrás de la escultura se esconde mucha más información de la que nuestros ojos pueden ver. José María Bermúdez de Castro. Co-director del Proyecto Atapuerca