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Publicado 27 enero, 2013 Por Cintia Refojo Jane Goodall, una vida entregada a los chimpancés

Escudriñando el rostro apacible de Jane Goodall, muchos tratan de averiguar de dónde procede la serenidad que transmite, o de dónde saca la energía para viajar por todo el mundo dando conferencias a sus casi 79 años. La misma energía que la ha impulsado a dedicar su vida a los chimpancés durante más de medio siglo.

La historia de Goodall es un romántico documental de National Geographic con el que muchos hemos soñado, del mismo modo que ella comenzó a soñar con África gracias a la historia de Tarzán que leía de niña. Pero la de Jane es también una historia de esfuerzo, de trabajo, de sufrimiento y de una enorme dedicación.

Los trabajos de campo de las tres primatólogas más famosas, Goodall estudiando a los chimpancés, Fossey a los gorilas y Galdikas a los orangutanes, nunca habrían sido posibles sin la determinación del paleoantropólogo Louis Leakey. Consciente de que el comportamiento no fosiliza, estaba convencido de que el estudio de nuestros parientes vivos más cercanos, los grandes simios, podría proporcionar información muy útil sobre la forma de vida de nuestros ancestros. Además de un brillante científico, Louis era un hombre con una mente abierta, como demuestra el hecho de que eligiese a Goodall, una joven inglesa sin ninguna formación científica, para embarcarse en el largo y difícil estudio de los chimpancés salvajes.

Louis creía que carecer de formación académica supondrían una ventaja para Jane, que podría registrar el comportamiento de los chimpancés sin verse influenciada por ninguna teoría científica. Y es probable que el hecho de que Jane sintiese fascinación por los animales, y ningún interés por desarrollar una carrera profesional en el ámbito científico, terminase por convencer al paleoantropólogo de que Goodall no abandonaría su trabajo de campo para escalar en su carrera dentro del ámbito universitario como otros habían hecho.

Tras las dificultades para conseguir financiación para el proyecto y la negación por parte de las autoridades del país a que una joven blanca se estableciese sola en mitad del bosque, Goodall pudo por fin viajar a Gombe (en la actual Tanzania) en 1960 acompañada de su madre y un cocinero local. No forma parte de nuestro idílico documental la malaria que tanto Jane como su madre padecieron unos meses después de su llegada, o los días de desesperación en los que Goodall trataba de acercarse a los chimpancés sin ningún éxito, sin parar de pensar en que la financiación terminaría pronto si no obtenía ningún resultado interesante. Tal y como ella misma cuenta en su biografía, pasaría más de un año hasta que Jane pudiera acercarse a menos de un centenar de metros de muchos de los chimpancés de la comunidad.

Sin embargo, un día Jane realizaría un hallazgo que determinaría su futuro. Uno de los chimpancés, al que había apodado como “David Barbagrís” estaba usando una pequeña rama que introducía en los agujeros de un termitero para conseguir unas sabrosas termitas sin sufrir sus dolorosas picaduras. Jane también descubrió que los chimpancés manipulaban la rama previamente limpiándola de hojas e incluso, que a veces este comportamiento se producía fuera de la visión de un termitero. Es decir, no solo utilizaban herramientas sino que había una cierta planificación de su conducta. Cuando Leakey recibió la noticia a través de un telegrama respondió con la ya famosa frase “¡Ah! ¡Ahora habrá que redefinir al hombre, redefinir los útiles o aceptar que los chimpancés son humanos!”. Fue así como hubo que modificar el concepto de ser humano y como Goodall consiguió la financiación de National Geographic para continuar con su estudio.

El hallazgo no estuvo exento de críticas por parte de la comunidad científica y tampoco lo estuvo la poco ortodoxa metodología de Jane que había puesto nombres en lugar de números a los chimpancés para identificarlos, algo totalmente impensable en aquel momento. Aunque Goodall cometió algunos errores, como alimentar a estos primates, lo cierto es que hoy en día el uso de nombres para identificar a los individuos dentro de la etología es algo común, son decenas los usos de herramientas reconocidos que emplean diferentes comunidades de chimpancés e incluso, se ha confirmado que los chimpancés tienen personalidades, tal y como defendía Goodall.

Jane se doctoró por la Universidad de Cambridge y Gombe se convirtió poco a poco en un centro de investigación al que acudían estudiantes de todo el mundo. Su papel se centró en la administración del centro y, muy a su pesar, dejó de pasar largas horas estudiando a los chimpancés en absoluta soledad como antes.

Otro de los descubrimientos realizados en Gombe y más criticados fueron los relativos a las guerras entre chimpancés de diferentes comunidades que terminaron con terribles matanzas y actos de canibalismo. No era el lado más amable de estos simios el que Jane estaba mostrando cuando se encontró con una dura oposición de la comunidad científica. Existía el temor de que un hallazgo como este justificase que la violencia, escrita en nuestros genes, fuese inevitable.

El centro de investigación sufrió también duros golpes que marcaron la vida de Jane, como el secuestro de cuatro estudiantes que, aunque fueron devueltos con vida, supuso duras críticas para Goodall y la marcha obligada de su querido paraíso durante más de dos años. Es fundamental el trabajo que durante todo este tiempo realizaron los estudiantes locales que continuaron con las labores de investigación.

Para algunos, Goodall, que lleva más de cincuenta años dedicando su vida a los chimpancés, se ha dejado llevar por la pasión más de lo que la ciencia permite. Sin embargo, la comunidad científica ha confirmado muchas de sus observaciones y hoy sabemos que estos primates son capaces de realizar razonamientos relativamente complejos, resolver problemas, formar alianzas, cooperar, sentir empatía o incluso, tener un cierto sentido de la justicia. Desde nuestro cómodo sofá no deberíamos olvidar que la ciencia le debe mucho a la pasión que algunos dedicaron a su trabajo.

Tampoco deberíamos olvidar que los chimpancés, nuestros parientes más próximos, a los que cuesta mirar a los ojos sin sentirse reconocido en ellos, están en peligro de extinción. Y por último, puede que no esté mal dejarse llevar un momento por la pasión y sentir una mezcla de tristeza y vergüenza ante el hecho de que nuestra inteligente, emocional, artística y maravillosa especie sea la culpable de que estos animales sean cazados, maltratados, aislados, asesinados y torturados.

Jane es hoy una figura mundialmente reconocida que dedica su vida a la investigación, la divulgación y la conservación de los chimpancés y el medio ambiente a través del Jane Goodall Institute fundado en 1977. De vez en cuando regresa a Gombe, y es precisamente allí, junto a sus queridos chimpancés, donde afirma obtener la serenidad y la energía que transmite su rostro.

Con motivo de la visita a Burgos de Jane Goodall los próximos 16 y 17 de febrero, el Museo de la Evolución Humana ha programado una serie de actividades relacionadas con su trabajo con chimpancés.Entre ellas, el 17 de febrero, Goodall ofrecerá una charla en el Fórum Evolución. 

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Publicado: 2013-02-21 17:08:01
Una vida apasionante, sin duda. ¡Muchas gracias por el artículo!
Posteado por: Laura Palau Nadal
Publicado: 2013-09-22 15:13:50
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Últimos comentarios - Los conocimientos y difusión de la Arqueología cognitiva son muy limitados, tanto es así que prácticamente es una desconocida en las universidades. No es de extrañar que su aplicación a problemas concretos, como es el tema actual, ofrezca aspectos de una gran precariedad, inseguridad y de ser casi más filosofía que ciencia práctica. Pero no todo es lo que se conoce, hay modelos mucho más desarrollados, más coherentes y mejor fundamentados. A quien le interese esta parcela de la Arqueología le ofrezco un trabajo, posiblemente único, sobre es estado actual de la Arqueología cognitiva, en base a sus teorías y métodos usados en el pasado y en la actualidad. RIVERA, A. (2013): “Teorías y métodos de la Arqueología Cognitiva”. Revista Portuguesa de Arqueología. Vol. 16: 5-26. http://www.igespar.pt/media/uploads/revistaportuguesadearqueologia/rpa16/Teoriasymetodosdelaarqueologiacognitiva.pdf Por Ángel Rivera - Parece que la reseña que he puesto de Academia.edu no es correcta. Poned. https://independent.academia.edu/RiveraAngel Por Ángel Rivera - Entiendo y comparto el método científico, pues como médico lo tengo siempre presente. Pero en las ciencias sociales, y más aún en su aplicación a la prehistoria, hay que aceptar que jamás se podrán realizar experimentos con las diferentes especies de nuestro linaje, por las razones obvias de que ya no existen. Solo podemos hacer inferencias en el pasado de los datos que podamos obtener de nosotros mismos y de los primates actuales, si consideramos a estas especias como los extremos evolutivos del género Homo. Este sería el único marco experimental posible, sobre nosotros mismos Dudo que Lambros Malafouris y Fred Coolidge llegaran a sus conclusiones por métodos filosóficos, a no ser que opines que la Psicología o la Neurología sean pura filosofía. De todas maneras yo llegué a las mismas o parecidas conclusiones por medio de los múltiples datos actuales, debidamente coordinados, de las ciencias que ya cité en el anterior comentario. Evidentemente, todos son sobre la realidad humana y primates actuales. Estos me han ofrecido un modelo general de nuestra realidad evolutiva, psicobiológica y social, que aunque desconozcamos mucho del funcionamiento cerebral si tenemos un conocimiento real y demostrado de sus características generales. Es decir, conocemos como anda el coche, que necesita y como cuidarlo, pero desconocemos en profundidad como funciona su motor. Sin embargo, estas limitaciones no impiden que realicemos inferencias en el pasado, ayudados por las ciencias que lo estudian y siempre dentro de un marco interdisciplinario. Con estas ideas he realizado un modelo genérico de nuestro funcionamiento cerebral, basado en los datos de las ciencias citadas y dentro de un marco evolutivo actualizado y en consonancia con dichos datos, y lo he aplicado a los datos del registro arqueológico, consiguiendo explicaciones más coherentes y documentadas que las clásicas sobre diversos aspectos de la conducta paleolítica. Sobre la práctica del uso de los dientes en trabajos cotidianos no tengo ninguna información especial. Pero sobre la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) que he elaborado sí. A quién le interese puede ver en Internet (academia.edu) mi trabajo al respecto en la siguiente dirección: https://independent.academia.edu/RiveraAngel/Papers?s=news-feed#add Por Ángel Rivera - Entiendo a qué te refieres, pero yo soy más seco (quizás demasiado) al momento de evaluar la posibilidad de aplicar el método científico: si se puede simular en un contexto experimental pues bien y mejor, de otra forma se queda a un nivel de validación lógico. En arqueología cognitiva se trabaja mucho con métodos inductivos, y cuando se utilizan métodos deductivos de todas formas necesariamente se basan en muchas suposiciones. Es difícil entrar en un verdadero marco experimental, y hasta que no entramos en un marco experimental hay que andar con cuidado, y con cautelas. Las teorías sobre mente extendida se han desarrollado en un marco filosófico. En la última década gente como Lambros Malafouris o Fred Coolidge han conseguido ponerle raíces en la arqueología. Pero sigue ahí una barrera experimental que nos costará mucho pasar. Hay gente como Atsushi Iriki que lo está intentando, pero la mente extendida es algo muy difícil de analizar experimentalmente. Y si lo aplicamos a especies extintas ni te digo! Estoy de acuerdo en reconocer el valor y la necesidad de aquellas aportaciones que mencionas, pero la validez de todo este conjunto se queda preliminar hasta que no se pueda averiguar directamente a través de una cuantificación directa de los fenómenos. Y ya es mucho! Quiero decir, aunque no estamos todavía rompiendo la barrera experimental, pero veo yo que vamos rápidos … Hemos pasado de filosofía pura a construcciones lógicas sensatas, coherentes, razonables y robustas. Me parece ya un gran logro, sobre todo considerando el poco tiempo que ha costado esta aceleración! Volviendo a esta hipótesis, estoy yo también convencido que la arqueología puede dar en este caso más informaciones que las evidencias biológicas. El uso del territorio, la gestión de la caza y de otros procesos de relación con el ambiente, la estructura de las herramientas … Y a nivel casi-experimental: analizar a nivel cognitivo aquellas culturas actuales donde se utilizan en cierta medida los dientes para la praxis. Tú conoces muchos aspectos en arqueología cognitiva, ¿puedes añadir aquí algunas referencias para quien quisiera profundizar un poco este tema? Sobre todo sobre aquellas partes que has mencionado en estos comentarios, integrando la lista bibliográfica que he propuesto en el post. Son informaciones realmente muy útil para quien se acerca a estos nuevos campos ... Por Emiliano Bruner