Publicado el 13 de noviembre de 2025 por Trinidad de Torres
Atapuerca 1976
Paradójicamente fue el Profesor E. Aguirre el responsable indirecto de haber ido a Atapuerca a excavar en la Trinchera del Ferrocarril, ya que, en mi juventud, con quince años de edad, solía ir con mucha frecuencia al MNCN para ver y enredar con los fósiles, con la mirada tolerante de Emiliano quien hasta me puso a siglar el material de las excavaciones de Torralba y Ambrona. Cuando vi su TD de 1969: “Revisión sistemática de los Elephantidae por su morfología y morfometría dentaria”, pensé emularla, en lo posible, con los osos del Cuaternario, solicitándole su dirección científica.
En una estancia de estudios en el Instituto Provincial de Paleontología de Sabadell, que, a la sazón, dependía de la Diputación provincial (ahora se denomina Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont), su director el Dr. M. Crusafont i Pairo, me enseñó algunos, escasos restos de oso que provenían de la Trinchera del Ferrocarril. Por solicité Permiso de Excavación, que me fue concedido el 22 de marzo de 1976.

Permiso de Excavación de la Trinchera del Ferrocarril.
La zona de excavación
Se caracterizaron tres rellenos importantes: Sima del Elefante (no se excavó), Tres Simas y Gran Dolina.
• Tres Simas (ahora Galería): tres pequeños conductos verticales —simas— con rellenos de gravilla calcárea muy angulosa, muy cementados, que se extendían lateralmente, hacia el oeste, hasta la sección de un conducto kárstico horizontal que estaba totalmente colmatado y cementado. Pese a las dificultades de excavación este relleno proporcionó restos de rumiantes, oso de las cavernas y un fragmento de mandíbula humana dejado por los excavadores clandestinos.
• Gran Dolina (Foto 2): relleno de una exoforma kárstica, creada, muy posiblemente, por un colapso de la bóveda de una cavidad. La excavación proporcionó bastantes restos de Ursus thibetanus, un cráneo completo de hiena y otro de bisonte, algunos instrumentos líticos, entre otros muchos hallazgos que están depositados en el Museo Arqueológico de Burgos.

Foto 2: Vista cenital de la excavación de la zona inferior de Gran Dolina. Se observan los alambres tendidos para definir las cuadrículas.
• Sima de los Huesos de Cueva Mayor (Foto 3)
Un espeleólogo del G.E. Edelweiss, que colaboraba con la excavación en la Trinchera del Ferrocarril, T. Antón, me comentó que en la base de la Sima de los Huesos, al final de Cueva Mayor, aparecían abundantes restos de oso, aunque todo el conjunto estaba muy destrozado por la acción de los furtivos. Se formó un equipo de excavación nucleado por C. Puch, arqueólogo, y R. Cobo, geólogo, y comenzó la extracción de material paleontológico, muy destrozado y mezclado con material reciente: colillas, cajetillas de tabaco, plásticos etc.

Foto 3: Excavando en el material removido de la Sima de los Huesos en Cueva Mayor.
La mecánica de trabajo consistía en extraer el sedimento removido como un todo-uno que era izado y revisado en la boca de la sima y, para gran sorpresa, elviernes 20 de agosto se produce el gran hallazgo: la primera mandíbula de la Sima de los Huesos (Foto 4), que luego fue siglada como AT1. Apareció en dos fragmentos que casaban perfectamente, pues la fractura era limpia, reciente. Un arañazo en su cara interna producido por un instrumento plano punzante (¿destornillador?) parecía confirmar esta suposición. Había perdido incisivos y caninos, pero conservaba varios robustos molares, Su morfología y robustez la alejaban totalmente del hombre moderno. La cosecha se completó con un magnífico fragmento de maxila, trece piezas dentarias y varios fragmentos de cráneo.

Foto 4: Primera fotografía (sin escala) de la primera mandíbula humana de la Sima de los Huesos. La fractura reciente, todavía sin restaurar se aprecia claramente.
Conviene añadir de los restos de oso Ursus deningeri von Reich, constituyen el yacimiento europeo más importante de esta especie y durante mucho tiempo fueron el único criterio viable de la antigüedad de los restos humanos de la Sima de los Huesos.
La difusión del hallazgo y sus consecuencias.
La mandíbula fue mostrada al equipo del profesor J.M. Apellániz que estaba excavando el Portalón de Cueva Mayor, a los miembros del G.E. Edelwiss, que tanto nos habían ayudado en la excavación y, a la vuelta a Madrid nos acercamos a la excavación de “Áridos” en Arganda del Rey (Madrid) donde la admiraron los arqueólogos M.A. Querol y M. Santonja.
En el interim, el Diario de Burgos de fecha 25 de septiembre, además de dar cuenta del valor intrínseco del descubrimiento, se hacía eco de manifestaciones anónimas sembrando una notable alarma referente a que «el señor Trino de Madrid (sic) se iba a apropiar de los restos, llevándoselos a Madrid».
Esto unido a que un conocido abogado burgalés, en elegante tarjetón, manifestara su interés personal, no económico por supuesto, en los valiosos hallazgos, llevó que el Prof. E. Aguirre pasara a estudiar los restos y, finalmente la investigación, tras el abandono de la misma por diversas circunstancias de T. Torres, quien en 1984, defendió su Tesis Doctoral: “Úrsidos del Pleistoceno-Holoceno de la Península Ibérica” dirigida por el Prof. José Fernández de Villalta.
Agradecimientos
Esta excavación no se podría haber llevado a cabo sin la enorme colaboración y apoyo prestada por el G.E. Edelweiss. Gracias también a mis compañeros de andanzas C. Puch y R. Cobo, a mi mujer T. Salazar que me ha acompañado este medio siglo en mis andanzas en cuevas y a todos los estudiantes y profesionales que anduvieron por aquellos pagos burgaleses.
Este artículo fue publicado por vez primera en la Revista del MEH número 2