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Publicado el 18 de agosto de 2025 por José María Bermúdez de Castro

Atapuerca: toda una vida

 
Con la perspectiva que dan los años, nuestra historia en Atapuerca me parece ahora como una extraña ensoñación en la que lugares, momentos y personajes se mezclan y parece que nada tiene sentido. Lejos quedan los tiempos en los que nos sentíamos solos en la colina. Éramos felices anhelando grandes hallazgos y disfrutando de un compañerismo inolvidable. Una verdadera oda a la libertad y la amistad, que solo podemos apreciar quienes la hemos sentido y atesorado.  Los descubrimientos fueron llegando con esfuerzo y perseverancia, y con ellos premios y reconocimientos. También aparecieron los desencuentros y malos entendidos tan propios de nuestra idiosincrasia. La ingenuidad y la espontaneidad tendieron entonces a desaparecer, pero no así la fortaleza y la sinceridad. Ganamos en experiencia y compromiso, en particular cuando los yacimientos fueron elevados a la categoría de patrimonio mundial de la humanidad. Estábamos cambiando de siglo y todos vivíamos una experiencia extraña y a la vez esperanzadora.
 

La Trinchera del Ferrocarril fotografiada desde el camino hacia la excavación de Cueva Fantasma. En primer término se puede ver el andamio que protege el yacimiento de la Sima del Elefante. Campaña de 2021.

 

No cejamos en el empeño de formar un equipo a la altura de las circunstancias, tal y como habíamos aprendido de nuestro mentor. Emiliano Aguirre nos dejó ese legado, que constituye la mejor inversión para el éxito de cualquier empresa. Enriquecimos el conocimiento y lo trasladamos a la sociedad, que respondió con gratitud y aplaudió nuestro esfuerzo. Una razón añadida para seguir trabajando, si cabe, con mayor esfuerzo y entusiasmo. La colina de Atapuerca se transformó entonces en lugar de peregrinaje para personas anónimas y para quienes aparecían con frecuencia en los medios de comunicación. Nadie quería perderse aquella novedad de la ciencia española. El estridente canto de los cernícalos alimentando a sus crías en los nidos de las paredes rocosas de Trinchera del Ferrocarril, que se sumaban al eco de nuestros cinceles y martillos, dejó su lugar al sonido de los corrillos de cientos de visitantes ávidos por conocer la historia de nuestros antepasados en aquellos parajes. El romanticismo de los primeros años ya no tenía cabida en un proyecto serio, bien organizado y con el apoyo económico que había faltado durante años. Con ese apoyo, espléndido y generoso, llegaron los grandes proyectos arquitectónicos, que han otorgado una dimensión internacional a un proyecto que nació del entusiasmo de un puñado de jóvenes de un país que iniciaba una nueva etapa.

 

Los recuerdos se confunden en mi memoria, incapaz de retener tantas y tantas emociones: planes de trabajo, viajes de estudio, hallazgos, investigaciones, amistades, visitas ilustres, reconocimientos... El tiempo ha pasado muy deprisa y, sí, soy consciente del éxito que ha generado nuestro trabajo en equipo en torno a un Lugar de Valor Universal Excepcional. Ahora, ya retirado de tamaña responsabilidad, las imágenes de los paisajes, de los yacimientos, de cientos y cientos de personas que nos han acompañado en este viaje se agolpan en mi mente, a veces de manera caótica. Cierto, todo parece como un sueño y no quisiera despertar para que siguiera ahí, generando recuerdos indelebles.

 

Campo de girasoles con la sierra de Atapuerca recortada en el horizonte.