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Publicado el 29 de abril de 2025 por Ignacio de la Torre

La talla sistemática de herramientas en hueso comenzó (al menos) hace 1.5 millones de años en la Garganta de Olduvai

IGNACIO DE LA TORRE/ Laboratorio de Arqueología del Pleistoceno. Instituto de Historia-CSIC

 

La Garganta de Olduvai se denomina como tal por una planta con flores llamada Oldupai por las comunidades locales Masáis, que es particularmente abundante en el desfiladero que atraviesa las llanuras del sureste del Serengueti, en el norte de Tanzania.

 

Esta Garganta de Olduvai es una de las secuencias paleoantropológicas más relevantes del mundo, gracias principalmente al trabajo de Louis y Mary Leakey, quienes comenzaron a explorar el desfiladero en la década de 1930 y trabajaron allí durante casi cincuenta años. Después de anunciar la evidencia más antigua, hasta ese momento, de producción de herramientas de piedra por los humanos, a la que llamaron Olduvayense por el nombre de la garganta, también descubrieron en los años 1960 los primeros fósiles de Homo habilis y Paranthropus boisei.

 

Estos descubrimientos por parte de la familia Leakey convirtieron a Olduvai en un yacimiento emblemático para el estudio de los primeros seres humanos, y ha hecho de la garganta un imán para los interesados en las etapas iniciales de la evolución de nuestro género. De esta forma, en las últimas décadas han trabajado en Olduvai numerosos equipos de investigación, entre ellos el Proyecto Arqueológico en la Garganta de Olduvai (OGAP, siglas en inglés de Olduvai Gorge Archaeology Project).

 

La secuencia estratigráfica de Olduvai recoge más de dos millones de años y la presencia humana está atestiguada desde la base de los depósitos sedimentarios – alrededor de hace 2 millones de años–, hasta nuestros días. El Complejo T69, en el que hemos descubierto las herramientas óseas sobre las que trata este blog, se localiza hacia la mitad de la secuencia estratigráfica de Olduvai, en lo que llamamos la parte superior del Lecho II. El yacimiento está datado en 1,5 millones de años atrás.

 

Cráneo de hipopótamo en el horizonte arqueológico de las herramientas en hueso. Crédito: LAP-CSIC.

 

El Complejo T69 comprende varias trincheras excavadas por OGAP en la cárcava de FLK West. Estas iniciales hacen referencia a Frida Leakey Korongo West, un afloramiento cuyo potencial fosilífero se conoce desde los tiempos de Louis y Mary Leakey. Siendo conscientes de su potencial arqueológico, comenzamos un extenso trabajo de campo de ocho campañas de excavación entre 2015 y 2022, en las que sacamos a la luz un área de casi 300 metros cuadrados con miles de artefactos y restos fósiles.

 

El conjunto arqueológico del Complejo T69 contiene un gran número de herramientas de piedra, que incluye hachas de mano. Las hachas de mano son el tipo de útil más emblemático de la cultura achelense y son artefactos grandes, resistentes, a menudo puntiagudos y con forma de almendra que requieren una habilidad considerable para su producción. El Achelense aparece en Olduvai después del llamado Olduvayense, una tecnología carente de bifaces caracterizada por la existencia de núcleos y lascas (cuchillos de piedra), menos exigentes tecnológicamente en comparación con la producción de las hachas de mano achelenses. El Complejo T69 también contiene abundantes fósiles, particularmente de grandes mamíferos.

 

Excavación de una pelvis de hipopótamo en el horizonte arqueológico de las herramientas en hueso. Crédito: LAP-CSIC.

 

Lo que no esperábamos era que, además de la abundancia de herramientas líticas y restos de animales procesados por los seres humanos, el Complejo T69 también incluye artefactos en hueso. Hemos documentado que fragmentos de huesos de las extremidades de grandes mamíferos, en su mayoría hipopótamos y elefantes, fueron trabajados de forma intencional para producir una variedad de herramientas, incluyendo instrumentos alargados de gran tamaño. Varios de estos artefactos son muy parecidos entre sí morfológica y tecnológicamente; los artesanos que fabricaron estas herramientas seleccionaban las partes centrales de los huesos largos que previamente habían roto, descartando los extremos articulares, y luego creaban un extremo apuntado y un borde afilado a partir de técnicas de talla prácticamente idénticas a las que aplicaban al trabajo de la piedra. Como resultado, obtenían artefactos considerablemente grandes (algunos casi alcanzan los 40 cm de largo), apuntados y contundentes, quizás usados para procesar cadáveres de animales.

 

La gran cantidad de herramientas de piedra y de conjuntos óseos sugiere que los grupos humanos visitaron la zona repetidamente, probablemente atraídos por la disponibilidad de carcasas de hipopótamo. El procesado de los cadáveres de hipopótamos por parte de los humanos no se limitó a la obtención de recursos cárnicos, sino también a la producción de herramientas a partir de sus huesos. Por otro lado, los fósiles de elefante son escasos en el conjunto faunístico del Complejo T69, mientras que están sobrerrepresentados en el conjunto de herramientas de hueso. Nuestra hipótesis es que los fabricantes de estas herramientas accedieron a los huesos de elefante en otros lugares, tallaron fragmentos de sus extremidades y luego las importaron al Complejo T69.

 

Herramientas en hueso del Complejo T69. Crédito: LAP-CSIC.

 

Hasta el momento no se han encontrado restos humanos en las excavaciones del Complejo T69, por lo que no hay evidencia directa de quién fabricó estas herramientas en hueso. Sabemos, a raíz de descubrimientos anteriores en otras partes de la garganta, que al menos dos especies diferentes de homininos, Homo erectus y Paranthropus boisei, vivieron en la antigua cuenca del lago Olduvai durante la época en la que se depositó la parte superior del Lecho II. Por convención, se tiende a atribuir la producción de hachas de mano a Homo erectus, por lo que, de forma indirecta, podría deducirse que las herramientas de hueso fueron fabricadas probablemente por esta especie humana. Pero esto es, por el momento, solo una conjetura.

 

Antes de nuestro descubrimiento, se pensaba que la producción de artefactos de hueso por parte de los primeros humanos había sido esporádica. Sin embargo, nuestros resultados demuestran que, durante la transición de la tecnología olduvayense a la de las hachas de mano, el Achelense, algunos grupos humanos de África Oriental desarrollaron una innovación cultural que implicó la transferencia y adaptación de las habilidades de talla desde la piedra al hueso. Al producir herramientas óseas tecnológica y morfológicamente estandarizadas, los primeros talladores achelenses desarrollaron repertorios tecnológicos que antes se pensaba que habían aparecido de forma rutinaria más de un millón de años más tarde. Esta innovación pudo haber tenido un impacto significativo en el potencial conductual y adaptativo de los primeros humanos, incluyendo mejoras en sus capacidades cognitivas, desarrollo tecnológico y en la adquisición de materias primas.

 

Gran herramienta en hueso de elefante del Complejo T69. Crédito: LAP-CSIC.

 

Tenemos que preguntarnos entonces qué ocurre con el enorme intervalo temporal entre el descubrimiento del Complejo T69 hace 1.5 millones de años en Tanzania, y la siguiente evidencia de trabajo sistemático del hueso más antigua que conocíamos hasta ahora, con alrededor de medio millón de años, y en contextos del Achelense europeo ¿fue la tecnología en hueso del Complejo T69 una innovación esporádica que no tuvo continuidad evolutiva, y volvió a inventarse casi un millón de años después? ¿Responde ese vacío temporal a un problema de invisibilidad asociada a la conservación del registro arqueológico en otros yacimientos, y su documentación en el Complejo T69 se debe a la excepcional preservación ósea en Olduvai? ¿Quizás herramientas en hueso no tan fácilmente identificables como las del Complejo T69 existen en otros yacimientos y sus colecciones han de revisarse en busca de artefactos óseos?

 

Estos interrogantes, junto a otros como el de si el trabajo sistemático del hueso puede retrotraerse aún más en el tiempo, son algunas de las cuestiones que deben ser abordadas a partir del descubrimiento de las herramientas óseas del Complejo T69 en Olduvai, que todavía hoy, casi 100 años después de que los Leakey empezara a explorar esta garganta del norte de Tanzania, sigue proporcionando sorpresas extraordinarias.

 

Foto portada: Vista aérea de las excavaciones en el yacimiento del Complejo T69, localizado en la cárcava de FLK West (Garganta de Olduvai, Tanzania). Crédito: Laboratorio de Arqueología del Pleistoceno, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (LAP-CSIC).