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Publicado el 22 de octubre de 2014 por María Martinón

¿“Denisovanos” en China?

La llegada del “nuevo” a la familia me ha dado mucho que pensar. Hay paleoantropólogos que son muy reticentes a incluir en sus propuestas filogenéticas especies de las que disponemos de cientos de fósiles y que han sido publicadas y discutidas en las revistas de mayor impacto científico. Sin embargo, no han dudado en añadir en sus árboles una rama nueva para los “denisovanos”, una ¿especie? de la que prácticamente no conocemos ninguno de los caracteres que la hacen distinta al resto de las especies homínidas conocidas, salvo su ADN.

 

Los restos humanos hallados en una cueva de Denisova (Siberia) consisten en un par de dientes y una pequeña falange cuyo estudio morfológico no nos dice demasiado. Estos fósiles no presentan ningún rasgo diagnóstico o típico de ningún taxón salvo caracteres que podríamos considerar, así, a grandes rasgos, como primitivos. Pero nada más. Lo que ha dado tanto protagonismo a los “denisovanos” en el árbol familiar son sus genes. El análisis genético de estos pocos fósiles revela que el ADN de estas poblaciones es distinto del ADN de todos los homínidos de los que se ha podido extraer y analizar su genoma, que no son todos. En otras palabras: el análisis del ADN extraído de estos huesos siberianos apunta a que los “denisovanos” 1) no son ni Homo neanderthalensis ni Homo sapiens (aunque su genoma indica que se ha mezclado con ambos); 2) presentan una relación próxima con los neandertales, con quienes habrían compartido un ancestro común hace unos 300.000 años y con quienes también se habrían mezclado; 3) exhiben también un componente genético “misterioso” que habrían adquirido por mezclarse con un homínido desconocido, originado hace más de un millón de años y que nadie sabe quién es, pero que según algunos investigadores podría tratarse de un ancestro del clásico H. erectus ; 4) revela también una historia de cruce genético con los ancestros de las poblaciones actuales de Oceanía y algunas regiones asiáticas como Australia, Nueva Guinea y algunas islas del Pacífico. En resumen, la de los “denisovanos” parece ser una hélice de ADN de filigrana cosmopolita que nos habla de un pasado familiar bastante “movidito”. Todo esto significa que los “denisovanos” podrían representar una población de H. erectus, de H. heidelbergensis asiático o incluso una forma diferente de ser “neandertal”. Pero también es posible que no pertenezca a ninguno de ellos y represente a una nueva especie por (re?)descubrir en cuyo caso sí merecería una rama nueva en el árbol.

 

En realidad el principal problema es ese. Poner una especie “hecha de ADN” en un árbol de especies “hechas de huesos”. Es un poco como lo que sucede en la película del Sexto Sentido, protagonizada por el gran Bruce Willis. Los personajes se cruzan pero no se tocan, porque pertenecen a otra “dimensión”. Es algo así como una presencia fantasmal, un “ente genético” entre fósiles, ese pariente un poco especial para el que nos hemos visto obligados a acondicionar el cuarto del fondo, pero al que no sabemos todavía cómo tratar y al que en realidad nunca hemos visto. El caso es que, con los “denisovanos,” los paleoantropólogos estamos un poco “vendidos”. ¿Cómo podemos ponerles cara? ¿Cómo podemos saber si esos dientes, esa falange, y ese ADN multicolor no se corresponden en realidad con una especie de las que ya conocemos? Nos quedan pocas opciones. Una sería conseguir extraer ADN de algún fósil homínido, bien caracterizado (por ejemplo un H. erectus) y que este coincida con el de los “denisovanos”. Otra es que se encuentren más fósiles de “denisovanos” que nos permitan de verdad compararlos anatómicamente con el resto del registro fósil y asignarlos a alguno de los taxones que ya conocemos. Tanto una como otra son complicadas. Aunque haber conseguido extraer y analizar ADN de más de 400.000 años de antigüedad en la Sima de los Huesos abre la puerta a las posibilidades más insospechadas, es prácticamente imposible que vayamos a encontrar ADN de un H. erectus o cualquier otro homínido extinguido con los que poder comparar porque los años habrán hecho estragos y degradado su herencia genética.

 

Este pensamiento viene a colación del maxilar de un niño y varios dientes de adulto encontrados en Xujiayao, un yacimiento del norte de China y cuyo estudio acabamos de publicar en la revista American Journal of Physical Anthropology. Los restos humanos hallados en este yacimiento tendrían entre 60.000-120.000 años de antigüedad, es decir, pertenecieron al Pleistoceno Superior, un periodo en el que los neandertales ya ocupaban Europa, Homo sapiens habitaba África y en Asia… pues poco se sabe sobre qué pasaba en Asia. El estudio de los dientes del niño de Xujiayao revela un mosaico de caracteres primitivos y derivados en Xujiayao que 1) estaría fuera de la variación de H. sapiens, 2) presentan sin embargo otros rasgos que son comunes (aunque no exclusivos) de los neandertales y 3) lucen otros caracteres que son típicos de las poblaciones de H. erectus clásicos del Pleistoceno Inferior y Medio, a pesar de ser mucho más recientes.

 

A la luz de las coincidencias entre el análisis anatómico de Xujiayao y la descripción genética de los “denisovanos”, no voy a negar lo tentador que sería sugerir que Xujiayao podría ser un “denisovano”, tanto por la combinación y polaridad de caracteres que presenta así como por su geografía y su cronología. Pero seré prudente y me remito a la presentación a la comunidad científica de un homínido de “estatus taxonómico desconocido” que habitó la tierra al tiempo que lo hacían H. sapiens, H. neanderthalensis y, en nuestra opinión, no pertenece a ninguno de los dos taxones. Podría tener rasgos en común con los neandertales, pero un fuerte toque oriental lo hace distinto también a estos. Pudiera representar también la persistencia, en Asia, de un homínido que aún no conocemos bien. Solo sé que, con Xujiayao, mi “sexto sentido” está alerta. Song, X. Martinón-Torres, M., Bermúdez de Castro, J.M., Wu, Xiujie, Liu, W. 2014. Hominin teeth from the early Late Pleistocene site of Xujiayao, Northern China. American Journal of Physical Anthropology.