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Publicado el 11 de diciembre de 2025 por Marcos Terradillos Bernal

La fortuna de Burgos: un tesoro neandertal bajo nuestros pies

Autor: MARCOS TERRADILLOS BERNAL

Foto: Cueva Fantasma en Sierra de Atapuerca.

 

Burgos es una tierra llena de tesoros. Su catedral, el Camino de Santiago, sus monasterios, sus castillos, sus pueblos, sus gentes, su cultura, su gastronomía, sus fiestas y su patrimonio natural forman un conjunto que nos presenta siglos de historia. Algunos de estos tesoros no siempre son visibles a primera vista, pero están ahí, bajo nuestros pies y en cada rincón de su paisaje. Por ejemplo, en la  Atapuerca se conservan algunas de las claves más importantes para entender la evolución del ser humano en este continente. Pero, Burgos guarda a su vez un patrimonio referente en Europa del que no se habla tanto, la historia de los neandertales.

 

Hablar del patrimonio neandertal de la provincia de Burgos es hablar de uno de los referentes científicos más relevantes del momento. El territorio burgalés guarda una red de yacimientos arqueológicos donde se han recuperado restos esenciales de la historia de esta especie. En Burgos podemos reconstruir algo que muy pocos territorios europeos pueden ofrecer: una historia larga, posiblemente continua y compleja de la presencia neandertal:

 

  • Los preneandertales o neandertales más antiguos encontrados en la Sima de los Huesos y en Galería (Sierra de Atapuerca) con aproximadamente 430 y 300 mil años de antigüedad.
  • Los neandertales “clásicos” que hace unos 130 mil años vivieron en Valdegoba (Huermeces).
  • En una fase posterior, los neandertales ocuparon de manera más o menos continuada la Sierra de Atapuerca (tanto las cavidades como al aire libre). Así lo evidencian yacimientos del Pleistoceno superior como Galería de las Estatuas, Cueva Fantasma, Hotel California, Fuente Mudarra y Hundidero.
  • En una fase próxima a su extinción encontramos ocupaciones neandertales en Prado Vargas y Kaite, dentro del complejo kárstico de Ojo Guareña, al norte de Burgos.
  • Finalmente, en el valle del Arlanza contamos con un yacimiento que nos permite estudiar la transición entre las últimas tecnologías neandertales y las primeras de Homo sapiens. Ese lugar es Cueva Millán.

 

El marco geológico de Burgos explica parte de esta riqueza. La provincia está modelada por cuencas kársticas, desfiladeros calcáreos como los del Úrbel, Rudrón y el Ebro, corredores naturales que comunican las cuencas del Ebro y el Duero o el Cantábrico con la Meseta norte; páramos elevados que actúan como miradores naturales, dolinas, abrigos y registros estratigráficos que favorecieron la preservación de estas ocupaciones humanas. Para los neandertales, capaces de adaptarse con soltura a los entornos montañosos, pequeñas cavidades, los espacios abiertos o los grandes sistemas kársticos, Burgos fue un territorio acogedor: rico en materias primas como el sílex, lleno de refugios naturales y con una fauna muy diversa.

 

La combinación de ese paisaje, de los recursos y de un trabajo arqueológico incansable ha hecho de Burgos un lugar único: un gran laboratorio donde cada excavación suma una nueva pista para entender a ese primo lejano que, de algún modo, forma parte de todos nosotros.

 

Se han documentado restos humanos neandertales en cuatro yacimientos de la provincia de Burgos: Galería de las Estatuas y Cueva Fantasma en la Sierra de Atapuerca; Valdegoba, en Huérmeces; y Prado Vargas, en el complejo de Ojo Guareña. Encontrar huesos humanos de hace decenas de miles de años es algo extraordinariamente difícil, y lo hace aún más impresionante el hecho de que en el resto de Castilla y León no se haya encontrado ninguno hasta la fecha. Burgos concentra, hoy en día, toda la evidencia directa de neandertales de la comunidad autónoma.

 

Galería de las Estatuas.

 

Pero, a los neandertales no los conocemos solo por sus huesos. También los descubrimos a través de las herramientas de piedra que fabricaban en yacimientos al aire libre como Hotel California, Fuente Mudarra o Hundidero, donde aparecen los instrumentos con los que cortaban, cazaban o trabajaban las pieles. En Galería de las Estatuas, Cueva Fantasma, Valdegoba, Kaite, Prado Vargas y Cueva Millán esas herramientas aparecen junto a los restos de los animales que consumían, lo que nos permite reconstruir directamente escenas de su vida cotidiana. Y, además, hoy contamos con una fuente de información extraordinaria: su ADN. Se ha recuperado ADN en la Sima de los Huesos, Valdegoba y en Galería de las Estatuas. Gracias a todo ello, conocemos a los neandertales por cómo vivieron, cómo cazaron, cómo se movieron y quiénes eran genéticamente.

 

De esta forma, los neandertales en Burgos tienen una historia larga y profunda. Desde la Sima de los Huesos, en Atapuerca, donde se conserva el mejor conjunto de fósiles humanos del mundo de hace más de 430.000 años, pertenecientes a una población seguramente antecesora directa de los neandertales. Gracias a ellos sabemos cómo empezó a desarrollarse su anatomía característica, su rostro, su adaptación al clima y, algo extraordinario, también parte de su ADN.

 

Valdegoba.

 

Cuando ya se desarrollaron los neandertales “clásicos” el paisaje burgalés volvió a llenarse de actividad humana. Los encontramos en Valdegoba, en un entorno de montaña especialmente duro, donde se adaptaban a climas complicados y cambiantes; relieves abruptos y caza de animales de montaña (rebecos). Estos yacimientos muestran a unos neandertales fuertes, resistentes, excelentes cazadores y con una tecnología eficaz, muy bien ajustada al entorno. También aparecen en Galería de las Estatuas, Cueva Fantasma.

 

También sabemos que su vida no transcurría solo en cuevas. En lugares como Hotel California, Hundidero y Fuente Mudarra vemos a los neandertales ocupando áreas al aire libre, tallando herramientas, reparando cuchillos de sílex, procesando animales y organizando campamentos breves pero repetidos en el tiempo.

 

En Prado Vargas y Kaite, dentro del gran sistema kárstico de Ojo Guareña, aparecen los últimos neandertales, ya cerca de su desaparición, viviendo en un momento de cambios climáticos intensos y de posible convivencia con los primeros Homo sapiens. Y es precisamente en este momento final donde el valle del Arlanza cobra un protagonismo especial. En Cueva Millán se documenta una tecnología singular, el denominado Arlanziense, que mezcla rasgos neandertales con innovaciones propias del Paleolítico superior, de entre hace unos 45.000 y 43.000 años. Todo ello convierte al entorno de Ojo Guareña y el Arlanza en unos escenarios privilegiados para observar el final de los neandertales y el comienzo de un mundo nuevo, el de Homo sapiens.

 

Kaite en Ojo Guareña.

 

Por todo ello, la provincia de Burgos contiene un patrimonio arqueológico de valor incalculable. No es excesivo afirmar que pocas regiones europeas permiten reconstruir la vida neandertal con tanta claridad, con cronologías y ecosistemas tan variados y desde tan diferentes ángulos. Aquí podemos conocerlos a partir de sus restos humanos, tecnología, cronología, comportamiento, paleoambiente, organización del espacio, genética, evolución del paisaje; y como no, gracias a excelentes equipos de investigación.

 

En conjunto, estos yacimientos componen un relato extraordinario: el de una especie tan cercana a la nuestra, el de unos grupos humanos que supieron adaptarse, resistir durante decenas de miles de años y dejar en el subsuelo de Burgos una de las páginas más completas de su historia.